jueves, 13 de marzo de 2008

Buscando Salvación


Me tomo este momento para contestar con un post en mi blog, el previo posteo en el Blog de A.N. (para aquellos que no lo han leído acá les dejo el link http://loquequierasdeloquesea.blogspot.com/ ).
Cuando pienso en la iglesia, ya sea católica, judía, evangelica etc etc. no dejo de pensar en que es algo de antaño, algo que cumplió su proposito en tiempos pasados, donde la sociedad y las reglas eran otras; si tratamos de aplicar esas cosas hoy en día es casi imposible seguirlas a rajatabla, la gente cambió, la cabeza de la gente ah cambiado, y entonces me hace pensar si hay un Dios todo poderoso, sea Budha, Alá, Jimi Hendrix o quien sea, no creo que sea tan pacato de no darse cuenta de esto, si no es así entonces Dios no es nada mas que un viejo no tan diferente a un abuelo de uno, donde simplemente no entiende la juventud porque fue criado de otra manera y porque sus costumbres son otras.
Por otro lado, cuando me pongo a pensar en la gente que sigue a la iglesia, que es un "creyente", me provoca cierta curiosidad, de como la gente cree en algo en lo cual no tiene ninguna fuente para decir "claro, es por esto" lo cual nos deja en algo llamado "fe", que básicamente es creer por que si, es como un nene que le cree al amigo cuando le dice "mi papá es millonario" obviamente es una mentira pero le cree ferventemente porque el amigo se lo dijo. Entonces gente católica, diganme, ustedes realmente creen que Moises abrió los mares, o que Jesus convertía el agua en vino? o en realidad no lo creen pero es que la iglesia les da una cierta paz dentro de ustedes de pensar que cuando las cosas andan mal le piden a Dios porque no saben que mas hacer, porque el problema los ah sobrepasado.
Por otro lado también todos somos testigos de lo que se ah vuelto la iglesia en los ultimos tiempos, dejando pasar dictaduras, condenando a aquel que no piense como ellos (lo cual me lleva a pensar, no dice la Bliblia "no juzqueis o serás juzagado"?), haciendo de cuenta que los van a llevar a un mejor camino, que ni ellos saben cual es, y si lo supieran creanme, le estan errando y por mucho, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez se vuelve una oraganización mucho mas lucrativa, lo cuál a llevado a la sociedad a que cada vez que ve un cura le creen tanto o menos que a un político en campaña, basicamente tenemos una iglesia, llena de gente que no hace mas que llenarse los bolsillos a costa de sus "creyentes", una religión con reglas que ni los que las procalaman respetan, que ah sido creadora de incontables guerras, entonces diganme, esta es la clase de iglesia en la que creen?, simplemente porque hay un libro que dicta determinadas reglas? y gente que dice que son la respuesta a todo, porque al ver todo lo que pasa actualmente gente que muere todos los días, problemas de inflación, robos y demás, creanme por mas "fe" que tenga, yo tengo que comer durante el mes y por mas que le pida a Dios, a Jimi a Alá o al pitufo Enrique, la plata no viene sola, y lo mismo se aplica a la mayoría de la gente.
Gente, tomen la pastilla roja, veamos que es lo que nos rodea, y arreglemos lo que es, que eso si se puede, de otra manera estamos pidiendo porque las cosas cambien magicamente, y eso simplemente no pasa, nos regimos por nuestras desiciones y por lo que elegimos, no por algún poder divino, y mucho menos por uno que proclama gente de una moral mas que dudosa.

Saludos, y que tenga una buena noche.

viernes, 7 de marzo de 2008

Dirty Martini


Tito Suárez tomaba un dirty martini en el bar del Plaza Hotel y el olor a aceituna mojada en vodka le hacía acordar al olor a concha cuando terminaba de violarse con los dedos a las presas de Ezeiza, en sus tiempos de ayudante de cana sin cargo y sin rango. Después el Panzón de Narcotráfico le había ofrecido matar a los hijos de un tal por 150.000 dólares en la época de Martínez de Hoz y más tarde vino la época del contrabando de menores a Europa vía las Canarias: por esos envíos el turro había juntado varios palos verdes. Se había empezado a codear con hombres de medio pelo de la política, era su momento. Era la época en la que salía con la Flaca, la mujer de Peralta, otro atorrante hijo de puta con el que se había peleado por una pelotudez de un vuelto por romperle las piernas a un despachante de aduana. Los políticos lo tenían en bandeja a cambio de favores de todo tipo. Tito saludaba a todo el mundo sin saber muy bien de dónde los tenía: “Hola, ¿cómo andás?”, “¿qué se cuenta mi viejo?” , “queridoooo, ¿cómo va eso?”, eran los impersonales saludos que Tito derrochaba a los cuatro vientos. Una vez un pelado con caspa y traje color caca le contestó: “A mí no me saludés, sorete hijo de puta”. Ese día caminaba con Esteban, su hijo mayor, al que le explicó que era un amigo con el que hacían ese chiste. Esteban no supo si creerle, pero todo era posible en la vida de su padre... Esteban iba con Tito ese día porque tenía que ir al Banco Central a ver a Del Buono para que le diera un sobre y una chequera; Tito tenía la entrada prohibida.

Con sus 58 años, Tito todavía tenía pinta y además una buena pija. Siempre lo recomendaba el Lungo Palacios, portero de un hotel 4 estrellas, a alguna vejeta puta que necesitara joda. Tito la sacaba a morfar a un buen lugar, se comía un garrón mirando un show pedorro de tango, la impresionaba saludando a todo el mundo y le decía “iu ar guit Tito de mas fron argentina...”, chupaba a cuatro manos y después se la cogía vuelta y vuelta. Tito en realidad no necesitaba de estos laburitos, pero lo divertían y mantenían vigente su macho cabrío.

El celular en el bar del Plaza no tenía señal y su cliente no llegaba. Su cliente era un diputaducho medio ñoqui, medio impotente, medio voyeur que llegaba con su hija de 14 años a la mañana, pasaban el día en el hotel y durante el almuerzo el tipo, de apellido Rodríguez Cardozo, le metía unas gotas de una pichicata líquida que le daba un farmacéutico amigo y la pendeja en dos horas quedaba planchada. Entonces Tito se encargaba de ella mientras Rodríguez se hacía la paja en el placard de la habitación. Rodríguez no llegaba, y para Tito esto era casi un alivio, no le daba la cabeza para tanto, no era tan torcido, pero era buena guita: se metía la culpa en el orto y le daba bomba a una mocosa con tetitas incipientes, carne fresca y dientitos de leche.

Rodríguez no llegaba. Pasaban los minutos, Tito sentía calentura y miedo, temblaba, el vértigo de ese numerito que hacía una o dos veces por mes lo tenía loco, tiritaba, sudaba, quería y no quería, y Rodríguez no llegaba. Se había tomado cinco martinis para poder y Rodríguez no llegaba. Tito se rascaba la cabeza y se frotaba las manos, como si estuviese invocando a algún tipo de espíritu para que Rodríguez llegara y no llegara; después de este laburito tenía una comida en Pedemonte.

Ese día le tocaba dormir en Pilar con su mujer. Ella era prima segunda de una prima de los Alsogaray y lo había acomodado con un laburo en Tribunales. Dormía con ella por lo menos dos veces por semana. Rodríguez no llegaba. Se paró, se fue rápido al baño, rayó la piedra en el mármol con un rallador de nuez moscada que guardaba siempre en el bolsillo con los anteojos y se mandó dos saques furiosos que le llegaron hasta el ceño. Tomó aire, abrió la puerta del baño como quien va al toro: esperaba ver a Rodríguez sentado en la barra, con esa cara de yo no fui parecida a la de Juan Pablo II dando una encíclica, pero Rodríguez no llegaba. “Uruguayo, cobrame”, le dijo al barman. Pagó y se rajó aliviado, agitado y duro. Tomó Marcelo T. de Alvear, saludó a las putas y a los dealers en la esquina de San Martín, dudó si ir a tomar algo al Downtown Matías pero ahí también lo tenían, entonces dobló a la izquierda hacia el Santísimo, se aflojó la corbata y se secó el sudor con un pañuelo. Había dejado el auto sobre Alem.

De pronto, como si le hubieran pegado una piña en la boca del estómago, sintió la bala, se desplomó y escuchaba “¡llamen a la ambulancia!, ¡llamen a la ambulancia!”. Tito quería morirse pero no podía, hacía fuerzas para morir, le pedía a Dios, al diablo o a quien fuere; hasta invocó a Moyano, con quien mantenía una enemistad de antaño.

Se despertó en el Güemes. Al pie de la cama había dos tipos con trajes berretas, como en las películas. Se dio cuenta de que eran como él, canas de mierda, gusanos que bien podrían reencarnar en señoras gordas de las que barren al pedo.

Tito olfateó que lo iban a llevar por lo de Rodríguez. El único que lo podía salvar era Lemos, él tenía experiencia en estos asuntos jodidos con pendejas, lo único que rogaba era que Lemos siguiera viviendo en Pinamar...


by Fernando Peña